Abrumado entre palabras pretenciosas que no dicen nada pero que con esfuerzo acomodo para que suenen frías y distantes decido rendirme pues no hay modo en que pueda deshacerme del mensaje sin embarrarme el rostro, pero como muchas veces atrás dije, eres tú y no es tan grave, porque ya sabes que mi orgullo te tiene fobia y siempre eres tu quien sale vencedora en la elección entre los dos, mas no por eso creas que no me iré algún día, no por eso.
Es tarea sísifa esto de amarte y peor aun el esperarte, no me malinterpretes no espero besos ni caricias, solo espero, por el placer y el dolor de matar mi tiempo dándole nombre propio a su verdugo; ansío verte también, envuelta en cabellos largos y ensortijados, bañada en luz como cada vez que volvemos a vernos, sin embargo eso quizá sea mucho para manejar. Cada día preparo más mi mente pero cada día también las memorias se alejan volviéndose difusas, tan hermosos tiempos e inocentes orgasmos que en este tiempo cuestiono su realidad.
Ni es sueño ni es realidad todo esto, ya nadie queda que pueda dar testimonio de la burbuja cargada de heroína y después de enterrar un hermano, la niña caprichosa que un día cruzo mi puerta es lo único que me queda de tiempos mejores, más fáciles, donde encontraba autentica felicidad en verte llegar cuando el reloj me decía que no lo harías. Mucho se ha dicho desde entonces y no mucho se dirá desde ahora; en otra vida fuimos felices los dos, en otra vida quizá lo seamos de nuevo.
Patético, lo se, me tiene sin cuidado tal etiqueta porque hay que aceptarlo es inútil y extenuante enfrentarlo o negar el hecho: no pude vencer en este juego que empezamos, no logré pasar al siguiente nivel, me he quedado atrapado en ti y tu maldito aroma a rosas y chocolate que ruego por sentir sobre tu piel una vez más. No te detengas aquí que aun hay más, mi pedazo de historia en este cuento aun tiene cosas por decir y esta tan decidido que no da paso al próximo de mis problemas, todo porque sigue […] sigo empeñado en ti y eso deja a cualquier persona en desventaja, injusto de mi, quizá, pero mas injusta tu conmigo.
Todavía sueño de vez en cuando, cada noche lluviosa o cada día demasiado agitado, a veces son recuerdos, a veces fantasías, a veces alegre por verte antes de descubrir que me asesinas o por despertar junto a ti en un día gris y helado, como sabes que me gustan ¡Y ese es el problema! Lo sabes, no todo, nadie sabe todo, pero sabes de mí, como si te hubiese entregado un manual el día en que te dije un nervioso te amo y te ofrecí una sortija de chocolate… el más sincero de los regalos, porque ni mi alma en una piedra te hizo ver que ya eras indeleble en mi vida. Se siente como si hubiesen pasado eones desde aquella noche, tan sublime e irreal que me impide olvidar.
He seguido viviendo, he crecido de muchas maneras pero no he podido avanzar en este asunto, o tal vez lo he hecho, ya no duele, ya no sangra, solo tengo cicatrices y moretones en forma de corazón, algunos sin ritmo, otros pequeños, unos buscando, otros huyendo, pero todos recordándome la promesa incumplida de poder contemplarte dormida hasta el alba, una ultima y primera vez, respirando solo el aire necesario en mi intento de no despertarte, conociéndote mientras duermes de pies a cabeza, cabello por cabello y admirando ese punto detrás de tu cuello, lo más profundo que llegué a conocerte… Si, aun conservo esos contratos hechos en la última hoja de un cuaderno de inglés, sin ninguna razón aparente.
No planeo traerte de vuelta y sé que no hay esperanzas de estar a tu lado en forma alguna, pero me las arreglaré con verte, con abrazarte, dejar patinar una que otra lagrima y decirte que lo siento si caen sobre ti, me bastará con poder decirte algo de todo esto en persona y revelarte al terminar que con mi más grande sueño de papel y tinta, se encuentra el estar al final acompañado por la niña del escritor.
Todo lo que no fue dicho y todo lo demás, ya lo sabes.
Para ti.
Escrito en Escritos, Personal
Etiquetas: carta, rendicion, ultima