IWF – 640
No era una decisión pero ya estaba hecha, mucho antes de la decadencia, mucho antes de la vejez. No se trataba de un contrato fríamente redactado, era más bien una elección tácita y por descarte, imperceptiblemente la mejor opción; quizá no razonable, sino emotiva e impulsiva, pero sin importar nada era la única que estaba decidido a aceptar.
Por supuesto no era una sorpresa, era uno de los tesoros más grandes que habían quedado de la primavera pasada, junto con una pequeña fotografía y el aroma a rosas y chocolate que obligaba a sobrevivir a punta de recuerdos ¿De veras es este el aroma? Antes de proseguir debía terminar unas letras y una botella pero se interrumpía constantemente, sorprendido por la simple gracia de una marca en la ventana, de un increíble trabajo arácnido, de la comodidad de la vida en una taza de café, detalles que se habían negado a aparecer Malditos, es ahora que vienen a aparecer Pequeñas señales de melancolía aun sin llegar, viajera en el tiempo, que rogaban por su atención eran ignoradas, tal vez concientemente, pues la decisión estaba hecha.
Muy frío, muy fuerte, muy sucio, muy lento, muy difícil, muy rápido, muy dramático, muy temible; cualquier opción era un salto de fe, cualquier camino que tomara no cambiaría el ayer, el vino, la poesía, las mariposas, el tiempo… La muerte; así que el destino había elegido, mediante una tabla de estadísticas Si tan solo fuésemos cien más, no sería tan grande hipócrita. Estaba sellado para él, para su tinta.
Ya no había nada que hacer, era hora […] Si alguien se hubiese molestado, uno al menos uno de los tantos que resultan queriendo a un muerto… No, es preferible que no, después del arrepentimiento, la impotencia es el peor sentimiento y la ironía es el negro sentido del humor con el que la parca se entretiene en su sísifa labor. La carta sobre la mesa, la botella vacía como única observadora del espectáculo con que terminaría el inicio de su despiadada decadencia; el tacto gélido del metal contra la piel desnuda, nerviosa porque la van a joder, a ella y a todo lo demás; la mente en silencio, el corazón en tortura, por la sangre las preguntas, la tristeza, el miedo ¡No se puede caer si no te has levantado! Muy útil aliciente ¡Hay que seguir intentando! ¿Y seguir sufriendo? ¡No puede ser tan malo! Es peor ¡Te van a extrañar! Es más de lo que sienten ahora ¿Por qué? El cañón a la boca ¿Por qué? Las lágrimas sin control ¿Por qué? El dedo agarrotado al gatillo ¿Por qué? ¡Por mí!
El teléfono suena.
- Se nos murió Pablito
- ¡¿Cómo?!
- Lo llamé, le dije que lo extrañaba, que se viniera
- ¿Y qué pasó?
- Lo levantó un carro, al pobre Pablito.
