10 de la tarde
Deja de buscar el sol en el cielo, a esta hora, el sol está en nuestra risa, en nuestros ojos; siente la brisa fresca acariciándote, convirtiéndose en viento que sopla y se lleva el peso, la piel, tu cabello de dos colores, entreguémonos al universo por un instante. Vinimos a la cima para dejar todo atrás ¿Por qué no dejarnos también? ¡Perdamos el juicio! aventurera de uvas y frambuesas, permíteme guiarte esta vez hacia ninguna parte, permíteme, pues no sé cómo más pagarte por salvarme de la bruma y el fuego para revivir estas ansias de reír.
¡Sonríe, mujer, sonríe! Que estamos en la cima y no hay un modo correcto de respirar, ni de querer; sé libre y evaporate, recorre el mundo como si a ninguno de los dos les quedara un mañana ¡Que nada te atrape! encontraremos la cura a cualquier cosa con una caminata, como siempre, como sabes.
Cantas, canto: cantamos, desafinamos, pero somos ingenuos sin futuro a los que solo les preocupa el hoy y la década siguiente, de allí tal vez nació nuestra alegría, madre de todos nuestros problemas y solución de nuestras vidas, vamos con fuerza cantando, que explotando cabezas o tomando fotos llegamos a ese lugar, donde sea que esté; para que cuando el reloj marque las diez, puedas correr bajo el cielo anunciando que el día aun no acaba. Por ahora, mientras descansamos y nos volvemos resilientes con el mundo bajo nuestras carcajadas, déjame llevarte más alto, para sentirte más cerca, pues ya sabes que no llueven casualidades así todos los días, ocasos que nos logran tan juntos como uno, tan torpes como tres, y tan inolvidables como el recuerdo de aquella vez, en la cima del mundo.

Genial!